Necesitamos un Plan Energético Nacional
OPINIÓN/D.S.C.
Tenemos que revisar nuestra apuesta por las energías renovables. Revisarla para hacerla más competitiva, más sólida, más avanzada y más dinámica.
La energía eólica tiene un coste de instalación competitivo (un parque eólico cuesta 1,300 euros por MW; una central nuclear sale a unos 4,000 euros por MW). La eólica no emite CO2, si bien puede tener cierto efecto ambiental sobre la fauna. Los “molinos”, eso sí, permiten obtener una producción limpia a partir de un recurso no importado, como es el viento. El problema de la ólica es su intermitencia, que explica que los aerogeneradores representen en España un 17% de la potencia de nuestro sistema energético pero produzcan apenas el 10% del total (en comparación, la nuclear suma el 8% de potencia pero su producción es del 20%).
Más problemática es la “burbuja fotovoltaica” que vivimos en España. Hace poco hemos conocido que en algunos huertos solares ni siquiera se estaría produciendo energía solar, sino que generaría energía mediante un fraudulento proceso nocturno que incorporaba combustible. Peor aún: la retribución a los huertos solares estipulada en España es de 466 euros por cada MW/hora, una cifra escandalosamente alta si tenemos en cuenta que Francia ofrece 314 y Alemania, 284. Además, no podemos olvidar que la energía solar es muy cara, extrae silicio y produce con una muy baja tasa de aprovechamiento y eficiencia.
Sacar adelante el proceso con éxito es un desafío importante, pero deberíamos empezar a tomarnos este tema mucho más en serio. Necesitamos un Plan Energético Nacional capaz de lanzar una estrategia energética fuerte y coordinada, capaz de integrar a las renovables y a la nuclear desde el rigor que ofrecen los grandes pactos de Estado.
Tenemos que revisar nuestra apuesta por las energías renovables. Revisarla para hacerla más competitiva, más sólida, más avanzada y más dinámica.
La energía eólica tiene un coste de instalación competitivo (un parque eólico cuesta 1,300 euros por MW; una central nuclear sale a unos 4,000 euros por MW). La eólica no emite CO2, si bien puede tener cierto efecto ambiental sobre la fauna. Los “molinos”, eso sí, permiten obtener una producción limpia a partir de un recurso no importado, como es el viento. El problema de la ólica es su intermitencia, que explica que los aerogeneradores representen en España un 17% de la potencia de nuestro sistema energético pero produzcan apenas el 10% del total (en comparación, la nuclear suma el 8% de potencia pero su producción es del 20%).
Más problemática es la “burbuja fotovoltaica” que vivimos en España. Hace poco hemos conocido que en algunos huertos solares ni siquiera se estaría produciendo energía solar, sino que generaría energía mediante un fraudulento proceso nocturno que incorporaba combustible. Peor aún: la retribución a los huertos solares estipulada en España es de 466 euros por cada MW/hora, una cifra escandalosamente alta si tenemos en cuenta que Francia ofrece 314 y Alemania, 284. Además, no podemos olvidar que la energía solar es muy cara, extrae silicio y produce con una muy baja tasa de aprovechamiento y eficiencia.
Sacar adelante el proceso con éxito es un desafío importante, pero deberíamos empezar a tomarnos este tema mucho más en serio. Necesitamos un Plan Energético Nacional capaz de lanzar una estrategia energética fuerte y coordinada, capaz de integrar a las renovables y a la nuclear desde el rigor que ofrecen los grandes pactos de Estado.







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