España envejece, su sistema de pensiones también
CARLOS TORRENT, MACROECONOMÍA
A nadie le ha dejado indiferente la proposición del Gobierno de alargar la edad de jubilación a los 67 años. Es una medida inevitablemente impopular, pero a su vez inevitablemente necesaria. Y digo necesaria, y no adecuada, ya que lo adecuado sería realmente una nueva configuración estructural del sistema de pensiones español, que parece que se está quedando tan anticuado como la propia población.
Y es que el proceso de envejecimiento de España está siendo muy veloz, y eso que las mujeres inmigrantes están ayudando a que la tasa de natalidad aumente. Si se mantiene la actual progresión de baja natalidad y del aumento de la esperanza de vida, dentro de 40 años habrá tanta gente en edad de trabajar como gente dependiente, es decir, menores de 16 años y jubilados. Esto significa que los trabajadores, que serán menos que en la actualidad, tendrán que pagar más impuestos para asegurar las pensiones y los servicios sociales a aquellos que no trabajan, lo que supone una gran disyuntiva para todos.
Por tanto, debemos buscar una solución para que la tasa de dependencia no suba de la manera tan alarmante como parece que lo va a hacer. La media de hijos para garantizar el relevo generacional, 2,1 hijos por familia, está muy lejos, y plantear un nuevo baby boom como el que propuso Franco para llegar a los 40 millones de españoles no parece viable. Tampoco parece posible una reducción de las pensiones, ni un aumento de impuestos, ya que provocarían una crisis social. Por ahora, el alargamiento de la edad de la jubilación es una medida acertada. Quizá sea polémica, quizá llegue tarde, pero lo que es seguro es que debe marcar el paso hacia una reforma más amplia del sistema de pensiones que se debe plantear cuanto antes.
A nadie le ha dejado indiferente la proposición del Gobierno de alargar la edad de jubilación a los 67 años. Es una medida inevitablemente impopular, pero a su vez inevitablemente necesaria. Y digo necesaria, y no adecuada, ya que lo adecuado sería realmente una nueva configuración estructural del sistema de pensiones español, que parece que se está quedando tan anticuado como la propia población.
Y es que el proceso de envejecimiento de España está siendo muy veloz, y eso que las mujeres inmigrantes están ayudando a que la tasa de natalidad aumente. Si se mantiene la actual progresión de baja natalidad y del aumento de la esperanza de vida, dentro de 40 años habrá tanta gente en edad de trabajar como gente dependiente, es decir, menores de 16 años y jubilados. Esto significa que los trabajadores, que serán menos que en la actualidad, tendrán que pagar más impuestos para asegurar las pensiones y los servicios sociales a aquellos que no trabajan, lo que supone una gran disyuntiva para todos.
Por tanto, debemos buscar una solución para que la tasa de dependencia no suba de la manera tan alarmante como parece que lo va a hacer. La media de hijos para garantizar el relevo generacional, 2,1 hijos por familia, está muy lejos, y plantear un nuevo baby boom como el que propuso Franco para llegar a los 40 millones de españoles no parece viable. Tampoco parece posible una reducción de las pensiones, ni un aumento de impuestos, ya que provocarían una crisis social. Por ahora, el alargamiento de la edad de la jubilación es una medida acertada. Quizá sea polémica, quizá llegue tarde, pero lo que es seguro es que debe marcar el paso hacia una reforma más amplia del sistema de pensiones que se debe plantear cuanto antes.







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