EL SENADO NORTEAMERICANO, IMPOTENTE ANTE LAS REFORMAS
MACROECONOMÍA/ALICIA RUIZ
La mala gestión y la imposibilidad de un acuerdo en el Senado norte americano se han saldado con el descontento popular de la gestión de Obama. En enero una encuesta, realizada entre la población estadounidense por NBC/WSJ, señalaba que sólo el 28% de los americanos considera correcta la política en Washington frente al 70% que opina lo contrario.
La mañana del 27 de Enero, Barack Obama presentó su primer informe a la nación. Anunció medidas, como el recorte de impuestos para las pequeñas y medianas empresas, el incremento de empleo, incentivos a la clase media, créditos fiscales en gastos sociales, créditos generosos a estudiantes, y congelar los gastos públicos no imprescindibles , en los próximos tres años. Estas medidas intentan tranquilizar los ánimos del electorado de tendencia centrista que domina políticamente al país y expresa su descontento por la creciente diferencia negativa entre inversión y gasto público. La Oficina del Congreso sobre el Presupuesto (CBO) considera que el déficit en el presupuesto previsto para este año será de 1.35 billones de dólares. A pesar de ser menor que el déficit de 2009, 1.4 billones de dólares, sigue siendo una severa carga para los contribuyentes y pone en peligro la integridad de la economía estadounidense.
Y es que después de atravesar la peor crisis financiera de la historia mundial, la economía americana a penas ha empezado a recuperarse. 29 millones de estadounidenses no pueden encontrar empleo. El problema es el fracaso de cualquier acuerdo en el Senado para llevar a cabo un proyecto de ley en el que establecer unas pautas para recuperar el sistema financiero y evitar situaciones como las que se están viviendo.
Las últimas propuestas de Obama están todavía en el aire. Aquella que apostaba por crear una agencia independiente para proteger al consumidor de abusos en productos financieros, parece que no será independiente sino que estará regulada por el Departamento del Tesoro, del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC) y de la reserva Federal. Una opción que contradice la idea principal de mantener al banco central al margen de esta tarea. Por otro lado, la proposición de controlar de cerca los riesgos de la Reserva Federal se ha limitado a un acuerdo con su presidente reelecto Ben Bernake, que a cambio de más poder y de convencer a los congresistas de que habrá cambios en el seno de la institución, dejará que se realice una auditoría sin trascendencia. Por último, también está pendiente la norma Volcke, que consiste en separar la banca comercial de las operaciones financieras que hacen los bancos con su dinero y en beneficio propio, sin representar a sus clientes.
Sólo quedan 23 semanas para las elecciones de noviembre. Un lapsus de tiempo muy corto para que la Cámara de Representantes apruebe un proyecto estable que de salida a las dos cuestiones más urgentes: la supervisión de riesgos sistemáticos y el desmantelamiento de las grandes entidades bancarias demasiado grandes para quebrar.
La mala gestión y la imposibilidad de un acuerdo en el Senado norte americano se han saldado con el descontento popular de la gestión de Obama. En enero una encuesta, realizada entre la población estadounidense por NBC/WSJ, señalaba que sólo el 28% de los americanos considera correcta la política en Washington frente al 70% que opina lo contrario.
La mañana del 27 de Enero, Barack Obama presentó su primer informe a la nación. Anunció medidas, como el recorte de impuestos para las pequeñas y medianas empresas, el incremento de empleo, incentivos a la clase media, créditos fiscales en gastos sociales, créditos generosos a estudiantes, y congelar los gastos públicos no imprescindibles , en los próximos tres años. Estas medidas intentan tranquilizar los ánimos del electorado de tendencia centrista que domina políticamente al país y expresa su descontento por la creciente diferencia negativa entre inversión y gasto público. La Oficina del Congreso sobre el Presupuesto (CBO) considera que el déficit en el presupuesto previsto para este año será de 1.35 billones de dólares. A pesar de ser menor que el déficit de 2009, 1.4 billones de dólares, sigue siendo una severa carga para los contribuyentes y pone en peligro la integridad de la economía estadounidense.
Y es que después de atravesar la peor crisis financiera de la historia mundial, la economía americana a penas ha empezado a recuperarse. 29 millones de estadounidenses no pueden encontrar empleo. El problema es el fracaso de cualquier acuerdo en el Senado para llevar a cabo un proyecto de ley en el que establecer unas pautas para recuperar el sistema financiero y evitar situaciones como las que se están viviendo.
Las últimas propuestas de Obama están todavía en el aire. Aquella que apostaba por crear una agencia independiente para proteger al consumidor de abusos en productos financieros, parece que no será independiente sino que estará regulada por el Departamento del Tesoro, del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC) y de la reserva Federal. Una opción que contradice la idea principal de mantener al banco central al margen de esta tarea. Por otro lado, la proposición de controlar de cerca los riesgos de la Reserva Federal se ha limitado a un acuerdo con su presidente reelecto Ben Bernake, que a cambio de más poder y de convencer a los congresistas de que habrá cambios en el seno de la institución, dejará que se realice una auditoría sin trascendencia. Por último, también está pendiente la norma Volcke, que consiste en separar la banca comercial de las operaciones financieras que hacen los bancos con su dinero y en beneficio propio, sin representar a sus clientes.
Sólo quedan 23 semanas para las elecciones de noviembre. Un lapsus de tiempo muy corto para que la Cámara de Representantes apruebe un proyecto estable que de salida a las dos cuestiones más urgentes: la supervisión de riesgos sistemáticos y el desmantelamiento de las grandes entidades bancarias demasiado grandes para quebrar.







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