Los indicadores nos dan la espalda
OPINIÓN / D.S.C.
En los últimos años, España ha pasado del puesto 27 al 36 en el Índice de Libertad Económica que edita anualmente el Wall Street Journal con varios "think tanks". En la clasificación, se mide en escala de cero a cien el grado de apertura económica del país. ¿Los resultados? Una presión fiscal valorada en 58 puntos (la media mundial es de 76); un peso del gasto público equivalente a un puntaje del 54,8 (la media mundial es de 66); una regulación laboral calificada apenas con un 55 (la media mundial es de 65 puntos), etc.
Otro índice, el "Doing Business" del Banco Mundial, analiza la facilidad para hacer negocios en un país. En España, el promedio para iniciar actividad es de 47 días. Lo podemos comparar con los 7 de Francia, los 8 de Alemania o los 13 de las economías de la OCDE. En cuanto al número de trabas administrativas, España ocupa el puesto 146 de las 183 economías analizadas, mientras que en rigidez laboral se nos sitúa en el puesto 157.
Un nuevo estudio, el de Competitividad Global editado por el Foro Económico Mundial, ha retrasado la pujanza de la economía española del puesto 22 al 33 en los últimos seis años. En escalas del 0 al 7, tenemos un 2,7 en flexibilidad laboral, un 3,6 en eficiencia del sistema judicial, un 4 en transparencia gubernamental...
Podríamos enumerar otros muchos estudios. Los editados en los últimos meses por Moody's, Fitch, Standard & Poor's, PwC o el Instituto Fraser refuerzan las tesis de los anteriores: tenemos un mercado laboral extremadamente rígido, además de unas instituciones poco ágiles y eficientes. Tenemos que abordar grandes reformas antes de seguir perdiendo relevancia en la economía global, pues la tendencia actual, respaldada por los indicadores comentados, nos condena a un progresivo declive.
En los últimos años, España ha pasado del puesto 27 al 36 en el Índice de Libertad Económica que edita anualmente el Wall Street Journal con varios "think tanks". En la clasificación, se mide en escala de cero a cien el grado de apertura económica del país. ¿Los resultados? Una presión fiscal valorada en 58 puntos (la media mundial es de 76); un peso del gasto público equivalente a un puntaje del 54,8 (la media mundial es de 66); una regulación laboral calificada apenas con un 55 (la media mundial es de 65 puntos), etc.
Otro índice, el "Doing Business" del Banco Mundial, analiza la facilidad para hacer negocios en un país. En España, el promedio para iniciar actividad es de 47 días. Lo podemos comparar con los 7 de Francia, los 8 de Alemania o los 13 de las economías de la OCDE. En cuanto al número de trabas administrativas, España ocupa el puesto 146 de las 183 economías analizadas, mientras que en rigidez laboral se nos sitúa en el puesto 157.
Un nuevo estudio, el de Competitividad Global editado por el Foro Económico Mundial, ha retrasado la pujanza de la economía española del puesto 22 al 33 en los últimos seis años. En escalas del 0 al 7, tenemos un 2,7 en flexibilidad laboral, un 3,6 en eficiencia del sistema judicial, un 4 en transparencia gubernamental...
Podríamos enumerar otros muchos estudios. Los editados en los últimos meses por Moody's, Fitch, Standard & Poor's, PwC o el Instituto Fraser refuerzan las tesis de los anteriores: tenemos un mercado laboral extremadamente rígido, además de unas instituciones poco ágiles y eficientes. Tenemos que abordar grandes reformas antes de seguir perdiendo relevancia en la economía global, pues la tendencia actual, respaldada por los indicadores comentados, nos condena a un progresivo declive.







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